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dissabte, 11 de juny de 2022

MICRORELATS DE MAIG / MICRORRELATOS DE MAYO (1)

 


Publiquem els microrelats que van arribar a les deliberacions finals en la categoria en castellà de la convocatòria de maig.


Recordem que els microrelats concursants publicats al blog s'inclouran en una publicació en paper que recollirà aquells textos guanyadors i finalistes de cada categoria de totes les convocatòries mensuals.




Publicamos los microrrelatos que llegaron a las deliberaciones finales en la categoría en castellano de la convocatoria de mayo.

Recordamos que los microrrelatos concursantes publicados en el blog se incluirán en una publicación en papel que recogerá aquellos textos ganadores y finalistas de cada categoría de todas las convocatorias mensuales.






Manzanas

Llaman a la puerta, pero hace caso omiso y sigue pelando manzanas. Pelar manzanas la relaja. Y caminar desnuda sobre las mondas que tapizan el suelo como una alfombra mullida y silenciosa, húmeda y acogedora. Saca del cesto una manzana que apenas le cabe en la mano. El tacto de su piel arrugada le produce un aleteo de libélulas viejas en el bajo vientre. Antes de darle un mordisco, le arranca con la navaja un par de manchas marrones que le recuerdan los ojos ásperos de su esposo cuando hacían el amor. Su esposo salió una mañana con el traje azul recién planchado y ya no regresó. Dijeron que había sufrido un accidente: su vehículo se precipitó al río camino del trabajo. Nunca encontraron su cuerpo. Días después le devolvieron el coche como prueba. Estaba lleno de barro y de peces muertos. Todavía lo conserva. Golpean de nuevo la puerta obstinadamente. “Vete y no vuelvas más”, grita ella por encima del hombro. Sabe que es él, el narrador. Amenaza con echarla del cuento por no ajustarse al guión. Lo que no esperaba es que los enanitos se presentaran con una orden de desahucio. Peleará. Es su historia y la contará como le dé la real gana, decide mientras pela otra manzana.

Margarita del Brezo

Ceuta





Soborno

Al salir de la sesión se produce un giro que enreda todavía más la trama en su cabeza. En lugar de ser ella la víctima de las carencias de su madre, se imagina ahora siendo el sujeto cuya torpeza afectiva su hijo será capaz de describir con todo detalle. Ella sabe que los primeros años son cruciales. Y que ya no hay vuelta atrás. Se dirige a la cocina. Entrará en su habitación y le preguntará si le apetece una limonada para cuando acabe con esa fase del juego de rol. A lo mejor así no la deja tan mal ante su futuro terapeuta.

Paz Monserrat Revillo

Molins de Rei (Barcelona)

 

 



Calabazas

Desde que anunciaron mi boda con el príncipe, no me dejan en paz. Las llamadas son constantes, la calle está llena de periodistas y los paparazzi anidan en las ramas de los árboles. Ni con las ventanas cerradas dejo de oírlos. Ayer quise salir a comprar y no pude llegar ni a la reja del jardín. Y mientras tanto mi príncipe de cacería. Me tiene harta, muy harta. Ahora mismo llamo a mi hada madrina y le pido que me agrande el pie.

Rafael Loscertales de la Puebla

Cornellà de Llobregat (Barcelona)

 

 

 


El nieto

Sintió un fuerte dolor en el pecho. La muerte se sentó a su derecha. Pálido, la miró fijamente a las cuencas vacías de sus ojos.

-Hoy no, por favor, mi primer nieto nacerá en pocos días, me gustaría conocerlo-dijo con voz temblorosa.

La muerte, que arrastra una injusta fama de inflexible, tras unos segundos pensativa, sacó una voluminosa agenda negra de debajo de su túnica.

-Me parece una razón de peso. El próximo siglo y medio estaré tremendamente ocupada. Volveré a por ti, Tomás, inmediatamente después de llevarme a Federico I de Euroasia, entonces no atenderé a razones.

Cuando le dio las gracias ella ya se había ido. El dolor comenzó a remitir. Su esposa, desde la cocina, le llamó, pues la cena estaba lista. Se levantó raudo del sofá, dio un paso y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Vería nacer a su primer nieto…también morir.

Javier Buján Sánchez

A Coruña

 

 



 

El ciclo del agua

Trece horas antes de morir el hombre juguetea con los pezones de esa mujer que conoció en una aplicación de citas. Ella gime mientras la lengua del hombre lame esa gota de sudor que resbala entre sus senos. Esa gota. Esa. La que once horas más tarde asoma, convertida en lágrima, cuando ella lo bloquea en sus redes. Esa lágrima que su esposa descubre y besa sin que él le confiese qué le sucede. Es esa esposa la que, horas después, solloza ante la jueza que le impide el paso a la sala donde yace su marido. Olvídense del suicida, concéntrense en la lágrima de la esposa que cae dentro del vaso de la jueza justo antes de que se disponga a beber. Cuando la jueza eche a correr camino de su casa, se limpiará el sudor con la palma de la mano. Y de ahí a la barandilla del metro. No se distraigan. La jueza no es importante. Hay otra mano: la de esa mujer que toca la barandilla y luego su propio escote. Esa mujer que, les cuento, en cincuenta minutos estará desnuda en su casa y en setenta tendrá un orgasmo mientras que un hombre que conoció en una aplicación de citas juega con sus pezones y lame esa gota de sudor que desciende entre sus senos. Esa gota. Esa mujer. Esa.

Arantza Portabales Santomé

Teo (A Coruña)