dimecres, 16 de novembre de 2022

MICRORELATS D'OCTUBRE / MICRORRELATOS DE OCTUBRE (2)

 


Publiquem els microrelats que van arribar a les deliberacions finals en la categoria en castellà de la convocatòria d'octubre.


Recordem que els microrelats concursants publicats al blog s'inclouran en una publicació en paper que recollirà aquells textos guanyadors i finalistes de cada categoria de totes les convocatòries mensuals.




Publicamos los microrrelatos que llegaron a las deliberaciones finales en la categoría en castellano de la convocatoria de octubre.

Recordamos que los microrrelatos concursantes publicados en el blog se incluirán en una publicación en papel que recogerá aquellos textos ganadores y finalistas de cada categoría de todas las convocatorias mensuales.








Mala sombra

Llevaba semanas sospechando por comentarios que me llegaban, situaciones difíciles de explicar. Así que un día en vez de dirigirme al trabajo, la esperé cerca del portal y no tardó en salir. Caminaba ligera, segura de sí misma y hasta juraría que silbaba. A duras pena podía seguirla. Que visitase a mis padres, con los cuales no me hablo, se lo perdoné. Igual que a mi psicólogo, —a saber lo que le contó de mí—, pero lo que no pude soportar fue verla junto a mi exmujer y los niños. Nunca los vi tan alegres.

Nicolás Jarque Alegre

Albuixech (Valencia)

 





La isla

Creo que no voy a contaros la verdad de lo que me ocurrió en esta isla que visito por primera vez; total, nadie me va a creer. Es lo que nos pasa a los que escribimos una novela tras otra. La gente se acostumbra a suponer que todo lo que contamos es mentira, porque la verdad, si tal cosa existe, es siempre demasiado dura. Así, cuando me llega el momento de abriros el corazón, de desnudarme ante vosotros, de explicar por qué he tenido que venir a esta isla maldita y extraña en la que nunca debería haber desembarcado, sé de antemano que será inútil. Que si os hablo de mi reencuentro con Ilona, de la lancha infecta en la que intentamos escapar de nuestro destino o de la tormenta que nos sorprendió al doblar el cabo, seguiréis leyendo sin inmutaros, como si fuera una más de mis novelas.

Arturo Martínez González

Cádiz




 

El tamaño importa

De todos los compañeros, la mía era la más pequeña. Nunca me había preocupado por su tamaño hasta que Marta me reveló la causa por la que prefería estudiar con Gonzalo. La suya, algo más grande de lo que esperaba, le permitía saciar su voracidad durante horas y aprender el francés por su cuenta. Las otras chicas del instituto la envidiaban por adelantada, de ahí que apenas encontrase amigas con las que conversar de ciertos temas fuera de clase.

Y es que la curiosidad de Martita aumentaba día a día, por ello cuando conoció a Ernesto se olvidó de nosotros. Todo el mundo en el pueblo había oído que la suya, en gran medida heredada del padre, era la más espléndida. Marta pasaba tardes enteras subiendo y bajando por ella, como poseída, hasta el punto de que perdía la noción del tiempo y la castigaban por llegar tarde a casa.

Durante uno de estos correctivos fue a visitarla un primo carnal de su madre, quien le aseguró que no había vicio en el mundo mejor que el suyo y le dio algo de dinero con el que podría comenzar a montarla a su gusto. A nadie extrañó que, nada más levantarle el castigo, la joven lo gastara todo en libros para formar, por fin, su propia biblioteca.

Raúl Aragoneses Lillo

Mérida (Badajoz)





Juegos infantiles

Mientras mamá descansa, nosotras jugamos a los médicos con el estetoscopio y las otras cosas que guarda en su maletín. Nos gusta escuchar los latidos de nuestras muñecas; también les limpiamos la sangre de las heridas, les metemos tubitos por la nariz para que respiren mejor y les hacemos operaciones de urgencia. Pero hoy algo ha salido mal y a la Nancy se le para el corazón. De repente. Aunque sabemos que va a enfadarse, despertamos corriendo a mamá, que, después de mucho esfuerzo, consigue salvarle la vida. Nos ha castigado sin propina y se ha llevado todas las muñecas. Por suerte todavía nos queda algún peluche. Y el bebé.

Margarita del Brezo

Ceuta

 




Los cazadores

Todos en la comunidad quedamos sorprendidos cuando los nuevos padres nos enseñaron al bebé que llevaban en brazos. Era idéntico en forma, tamaño y volumen a los que traían las cigüeñas antes de que París decretase el cierre de su espacio aéreo. Mientras las mujeres lo miraban embelesadas, los hombres, más prácticos, les preguntamos la manera de fabricar una réplica tan perfecta y tan exacta de esas criaturas. Después de sus explicaciones quisimos saber hasta en cuántas ocasiones había sido necesario inyectar más vida en la mujer, al acordarnos de cómo fue creciendo su vientre durante los meses anteriores.  «Nosotros lo hicimos cuatrocientas veintisiete veces», dijo orgulloso el padre, y su esposa, sonrojada, asintió con timidez.

Así fue como empezamos a satisfacer el instinto maternal de las mujeres, y además, alentados por ellas, nuestra actividad cinegética, porque cuando París volvió a permitir los vuelos sobre su jurisdicción, todas las cigüeñas que trataron de visitarnos cayeron abatidas. Teníamos bien engrasadas las armas y ninguno quería dejar de utilizar la suya.

Rafa Heredero García

Laguna de Duero (Valladolid)