divendres, 19 de novembre de 2021

MICRORELATS D'OCTUBRE / MICRORRELATOS DE OCTUBRE (2)

 


Publiquem els microrelats que van arribar a les deliberacions finals en la categoria en castellà de la convocatòria d'octubre.


Recordem que els microrelats concursants publicats al blog s'inclouran en una publicació en paper que recollirà aquells textos guanyadors i finalistes de cada categoria de totes les convocatòries mensuals.




Publicamos los microrrelatos que llegaron a las deliberaciones finales en la categoría en castellano de la convocatoria de octubre.

Recordamos que los microrrelatos concursantes publicados en el blog se incluirán en una publicación en papel que recogerá aquellos textos ganadores y finalistas de cada categoría de todas las convocatorias mensuales.








Carne

Fulminamos la contención y nos besamos novicia y apasionadamente. Lo hicimos sin ningún pudor ante quienes tenían cosas más importantes en las que pensar.

Creo que nos hubiera dado igual desnudarnos y alojarnos en la locura, pero el frío y la humedad no decían que eso fuera inteligente, así que las manos culebrearon entre las ropas.

Aunque escuchábamos acercarse los pasos sobre el barro, ni nos detuvimos ni pensamos en hacerlo.

A nuestra altura, izó la vista al cielo como bandera necesaria. No le gustaba lo más mínimo, pero en pocos minutos nos iba a dar la orden de salir de la trinchera ubicándonos a merced de los cañones.

Javier Palanca Corredor

Valencia








Biomas Manufacturing S.A.

El bosque avanzaba en la cadena de producción. El supervisor estimó que cuando instalaran los nidos en las ramas, removieran la hojarasca y pintaran musgo en las umbrías, se vería más real. Pero algo le hizo dudar.  Revisó el pedido. No se habían incluido ardillas, ni pájaros, tampoco unas discretas setas. Otro de los que sacrificaban calidad a cambio de reducir costes. No deberían trabajar con este tipo de clientes que escatimaban tanto con el presupuesto. Pero eso era cosa de los de Ventas. Y a esa gente solo le preocupaba alcanzar los cupos que les imponían.

A escondidas depositó algunos huevos de cartón piedra, soltó dos ardillas de peluche preñadas y ubicó varias larvas de plástico. El tiempo haría el resto.

No podía permitir que un bosque artificial saliera de su fábrica. Si por algo destacaban los productos que manufacturaban, era por su naturaleza auténtica cien por cien.

Patricia Collazo González

Alcobendas (Madrid)

 

 



 


 

Ficción

Podría decirse que soy masoquista. Acudo a verle en brazos de otras y sufro. Hoy ha ocurrido algo inesperado, justo en el momento en que iba a besar a la protagonista, atraviesa la pantalla se acerca a mi butaca y, con la voz tomada, me confiesa ser esclavo por la tiranía de las productoras, que le obligan a simular de modo creíble su amor por esas arpías. Todo por los contratos y el espectáculo, pero que su corazón fuera de los guiones, es mío. Entonces el público de la sala aplaude a rabiar puesto en pie, mientras él me besa con pasión y regresa adentrándose en la pantalla justo antes del The End.

Pablo Cavero García

Madrid

 






 

Alfredo

La verdad es que soy bastante distinto al de la foto de boda que preside el comedor. Pero ella no lo aprecia. En mi juventud todavía me parecía menos a ese apuesto novio. Ahora, de viejo, es cierto que somos todos un poco más iguales y es fácil confundirnos. Por eso me recogió. Aquel día, cuando me encontró en la puerta del supermercado, se podría decir que volví a nacer. Pensé que se acercaba a echarme unas monedas y, sin embargo, me dijo: "Alfredo, ¿qué haces ahí sentado? Ven a ayudarme con la compra". Me hizo coger un par de las bolsas que llevaba y acompañarla a casa. "No te quedes quieto como un pasmarote, guarda las cosas en su sitio”. Y aquí estoy, convertido en Alfredo, de quien enviudó la pobre mujer unos meses atrás.

M. Carme Marí

Castelldefels (Barcelona)

 






 

Ese brillo en los ojos

Me sorprende su desconcierto y, sin poder creerlo, adivino cómo reprime las ganas de llorar. Por eso le pregunto que qué coño esperaba hacer aquí. Joder, nosotros teníamos más cojones. No sé dónde hostias reclutan a los nuevos ahora.

—Pero si no es más que un crío —dice, con las manos aún temblorosas.

—¡Un crío… una polla! —le grito—. Este es otro jodido hijo de puta, como todos. Que te entre en la puta cabeza desde el primer día. Los universitarios siempre son los peores, siempre. Además, ¿te crees que a mí me gusta tocar los cojones a un tío? Ni con pinzas, ¡joder!

Entonces deja la picana eléctrica junto al cuerpo desmayado y descubro el brillo en su mirada que tan bien sé reconocer. «Ahí está, me digo, qué cabrón, algo tenían que haber visto en el novato», y decido animarlo:

—Ya verás cuando sea una mujer. Con ellas tenemos carta blanca.

Y enseguida comienza a sonreír.

Rafa Heredero García

Laguna de Duero (Valladolid)