dissabte, 26 de novembre de 2022

DONATIUS / DONATIVOS (67)

 




Moltes gràcies a Miquel Àngel Vidal Pons per cedir l'import del seu premi mensual del Microconcurs per la compra de llibres per la Biblioteca de Barberà.


Muchas gracias a Miquel Àngel Vidal Pons por ceder el importe de su premio mensual del Microconcurso para la compra de libros para la Biblioteca de Barberà.








Fitxa bibliogràfica

Signatura N Esc
Classificació 834.4"20"
Autora Escudero, Lorena
Títol Oxímoron / Lorena Escudero
Edició Primera edición
Publicació Granada, España : Editorial Nazarí, julio 2022
Descripció física 117 pàgines : il·lustracions ; 21 cm
Col·lecció Mexuar
ISBN / ISSN 9788419427014
Matèria Microrelats








El tercero por la derecha

Ese era yo en las fotos de colegio. El tercero por la derecha. Sonrisa a rayas, pantalón de pillo. Le tiraba de la trenza a Beatriz. Siempre que nos hacían la foto ponían a las chicas delante y yo aprovechaba para tirarle del pelo. Ahora me lo recuerda cada vez que viene a la consulta. Trae con ella una de aquellas fotos. El tercero por la derecha. Qué guapo eras. Andrés, Benito, Bonal. Ese eras tú, Juan José Bonal, Juanjo. A veces me recita la lista entera como hacía antes, repasando la foto. A veces yo sonrío y respondo Presente, también como lo hacía entonces. Y mientras nos seduce su infiel memoria, esos recuerdos inventados, los dos ignoramos que en placa sobre mi mesa está escrito Dr. García con elegantes letras chivatas. Qué sabrán ellas. Yo era el tercero por la derecha. Y siempre le tiraba de la trenza a Beatriz.

Lorena Escudero









Fitxa bibliográfica

Signatura N Rui
Classificació 834.3"20"
Autor Ruiz, Luis Manuel
Títol Atlas / textos: Luis Manuel Ruiz ; ilustraciones: Borja González
Edició Primera edición
Publicació Badajoz : Aristas Martínez, mayo 2022
Descripció física 202 pàgines : il·lustracions en color ; 24 cm
ISBN / ISSN 9788412435382
Matèria Microrelats







El congreso de la Noche

Hay una cosa que se llama el Congreso de la Noche -dijo el detenido acomodándose las esposas sobre las muñecas-. No me pregunten qué aspecto tienen quienes lo forman porque yo nunca los he visto, ni conozco a nadie que los haya visto, ni siquiera sé si se pueden ver. En mitad de la madrugada, cuando las ciudades se vacían y los semáforos intercambian señales inútiles entre las encrucijadas y los túneles, los miembros del Congreso recorren las calles. A veces, alguien que vuelve tarde a casa divisa una sombra junto al portal, o cree sorprender a un vagabundo que monta guardia frente a la fachada del museo; a veces son mujeres, con el pelo selvático y negro, cobijadas bajo la marquesina del tranvía; ancianos que recogen monedas u hojas secas, como para preservarlas en un álbum; incluso niños, que pretenden buscar a sus madres en la inmensidad de la noche deshabitada. 

El Congreso se reúne, delibera, sopesa, toma decisiones. Antes de que el alba aclare los escaparates, tendrá dispuestas todas las vicisitudes de la jornada de mañana, cada mínimo piñón y engranaje de los que dependerán las vidas de los que ahora, inocentes, duermen sobre sus cabezas. Uno de sus agentes abandona aquí una moneda, tal vez la misma que el otro recogió en un punto opuesto del mismo barrio; una pintada con un verso o una blasfemia surca de repente la tapia que mira a la vía del tren; hay un gato muerto junto a la alcantarilla, con los ojos de ámbar clavados en la constelación más alta del zodíaco. Mañana, esos puntos al azar trazarán una figura y serán los orificios por los que la aguja, al entrar y salir, bordará la silueta de un amor o un asesinato. Igual que un campo minado, el Congreso de la Noche va sembrando las aceras de futuros improbables, de culpas y ultrajes y motivos de redención para que ustedes y yo, y todos los que hormigueamos por las avenidas en horario laboral, tengamos un pretexto para abandonar nuestro dormitorio y no nos encerremos en casa por toda la eternidad, a salvo del mundo. Lamento que hayan tenido que enterarse de este modo, pero ahora lo saben: saben por qué usted conoció a su esposa después de que un tropiezo le hiciera perder el autobús; por qué hubo aquel accidente en la plaza, por qué no estuvo a tiempo en casa para recibir la llamada, por qué el suspenso y la factura; por qué el vestido rojo en vez del morado y justamente esa canción en la radio y el viaje a la playa y el cadáver frente a mi puerta con los ojos abiertos, como el gato en el sumidero. No tengo culpa: fue la noche.

Luis Manuel Ruiz