dijous, 19 de gener de 2023

MICRORELATS DE DESEMBRE / MICRORRELATOS DE DICIEMBRE (2)

 


Publiquem els microrelats que van arribar a les deliberacions finals en la categoria en castellà de la convocatòria de desembre.


Recordem que els microrelats concursants publicats al blog s'inclouran en una publicació en paper que recollirà aquells textos guanyadors i finalistes de cada categoria de totes les convocatòries mensuals.




Publicamos los microrrelatos que llegaron a las deliberaciones finales en la categoría en castellano de la convocatoria de diciembre.

Recordamos que los microrrelatos concursantes publicados en el blog se incluirán en una publicación en papel que recogerá aquellos textos ganadores y finalistas de cada categoría de todas las convocatorias mensuales.





Meditación

Después de tanto estrés, con el corazón a punto de saltarme del pecho, intento calmarme. Decido poner en práctica mis clases de mindfulness. Pensar en el pasado me hace sufrir y el futuro me causa mucha preocupación. Intento centrarme en el presente. Me tumbo en el suelo y cierro los ojos. Soy consciente de mi espalda sobre las frías baldosas. Comienzo a respirar profundamente con el abdomen. El olor ferruginoso del cercano charco de la cocina inunda mis fosas nasales aunque, no me resulta desagradable. Empiezo a relajarme, mi mente se centra en mi respiración. Aparece un pensamiento, lo identifico, digo para mí: “pensamiento” y, lo dejo marchar. Me concentro en el aquí y el ahora. Las ideas se van diluyendo. Después de un buen rato, abro los ojos. Me siento tranquila. La ansiedad se ha ido. Pero el cadáver sigue aquí, obstinado.

Mar Horno García

Torredonjimeno (Jaén)

 






 

Espino blanco

-Cada día es un sobresalto. Ayer comenzó a mirar por la ventana y en apenas cinco minutos llenó de lava el salón, la semana pasada encontré un soldado tártaro en la cocina, y hace un par de meses, mientras mojaba, ensimismado, la magdalena en el café, hizo que un cohete atravesara la casa a toda la velocidad y que saliese al exterior por la chimenea. Se estrelló a las afueras de Amiens y, gracias a Dios, nadie salió herido. Además, todas las noches, en cuanto cierra los ojos, cubre de algas el techo del dormitorio, las paredes de corales, y el suelo de crías de tiburón. Estoy agotada – confesé al médico -. De hecho, creo que de haberlo sabido antes, jamás me habría casado con un tipo de imaginación tan incontenible.

-La comprendo, señora Verne, pero he de decirle que el de su marido es un comportamiento habitual entre escritores.

-¿Y tiene remedio?

-Claro que sí, toda enfermedad puede tratarse – dijo.

Desde entonces, antes de dormir, tomo la infusión de espino blanco que me recetó, una bebida repugnante que, sin embargo, me hace soñar invariablemente con editores de gustos anticuados, los únicos capaces de mantener a raya las fantasías más alocadas de mi esposo.

Raúl Clavero Blázquez

Madrid

 






 

Completamente solo

Te internas en el área. Solo, como cuando quedaste colgado de una concertina aquella primera vez. Como lo estuviste luego al intentarlo por mar, solo entre los gritos de los cuerpos que se hundían. Solo escabulléndote desde la playa. Solo en el área contraria. Sin papeles, ni dinero, ni nada, solo con miedo. Malviviendo apenas, en los márgenes. Solo cuando te llevaron a aquel campamento donde apareció el ojeador como un milagro, y te prometió que ya nunca estarías solo. Solo en aquel equipo de tercera. Solo cuando el representante, y el fichaje, y los periódicos. Solo ante aquel estadio imitando aullidos de mono. Solo para firmar el contrato: no te preocupes, chaval, nosotros nos ocupamos de nacionalizarte y en dos días estás jugando en la selección. Solo en el vestuario, solo ante la masa que ahora corea tu nombre, que te pide autógrafos mientras sospecha de tus hermanos. Solo ya ante el portero, no te distraigas, para el tanto decisivo. El país pendiente de tus botas. Serás leyenda. Te amarán para siempre. Te perdonarán lo que eres. Solo a ti. Salvo que hagas esto que estás haciendo: el toque suave con que entregas el balón directamente a las manos del portero.

Tomás del Rey Tirado

Sevilla







 

Un día especial

Encontré un billete de cincuenta euros entre las hojas caídas de los árboles mientras paseaba por el parque. Había escuchado historias sobre este tipo de hallazgos entre mis compañeros, pero siempre creí que era una tomadura de pelo o ellos unos ingenuos. Aunque ahí estaba ese billete y era real. Lo cogí, me lo guardé en el bolsillo y, sin dejar de acariciarlo, pensé en gastarlo en lo que nunca hacía. Compré el diario. Sentado en la terraza de un bar lo leí y desayuné un bocadillo de jamón. Fui al cine, a la sesión doble, y comí palomitas. Merendé un par de hamburguesas con su menú de patatas y refresco. Compré pilas para mi vieja radio y pedí que me devolvieran todo el cambio en monedas. Las conté dejándolas caer una a una dentro del vaso del refresco. Coloqué las hojas del diario sobre mi pecho y regresé a la puerta del supermercado que aún no había cerrado.

Beatriz Díaz Rodríguez

Barberà del Vallès (Barcelona)